Truco para la felicidad

¿Truco o trato? Nos preguntamos en determinado momento del año al celebrar una festividad cuyo origen reside en tierras foráneas y que hemos adoptado para nuestro acervo cultural. Es criticado por muchos el hecho sumarnos a costumbres ajenas a las propias. Esto denota la terrible alergia que parece dar a veces el hecho de impregnarse de lo que calificamos como “raro”. Y yo me pregunto, ¿qué significa “raro”?

Literalmente, y acogiéndome a mi tan estimado Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE), “raro” quiere decir DIFERENTE; “extraordinario, poco común o frecuente”; “insigne, sobresaliente o excelente en su línea”. Y bien, ¿hay algo negativo en ello? Quizás la clave de la cuestión resida en saber apreciar lo distinto y, más allá incluso, disfrutar de sumergirnos en eso que no nos resulta habitual.

Es mucho más que probable, al menos en mi humilde opinión, que crezcamos y nos desarrollemos mucho más y mejor como personas si aprendemos a salir con más frecuencia de la llamada zona de confort. Ese entorno seguro que parece que nos mantiene protegidos y tranquilos, pero que, a la larga, y esto lo afirmo con conocimiento de causa y apoyada por especialistas del mundo de la psicología, nos hace un flaco favor.

Para alcanzar esa sensación a la que llamamos felicidad, desde mi punto de vista, es, no sólo importante, sino IMPRESCINDIBLE, evolucionar y, ciudadanos y ciudadanas del mundo, no hay evolución sin cambios. Así como no existe el cambio sin explorar esos territorios que nos hacen ponernos incómodos por ser desconocidos.

En la diferencia está la riqueza. Ojalá que todos compartiésemos esta afirmación y, situándome en el hipotético caso de que así fuese, entonces convendríamos que las personas somos todas únicas y que no hay ninguna igual a otra. Tenemos capacidades muy distintas, muchas de ellas aportan ventajas que nos hacen destacar positivamente respecto a otros seres y, otras de nuestras características, forman parte de nuestros puntos débiles, puesto que, como bien decía mi sabia y andaluza abuela, “todos tenemos faltas”. Y está genial así. Por ello es requerido apoyarnos y ayudarnos unos a otros, saber que no todo podemos hacerlo solos. NADIE PUEDE, según mi convencimiento personal, y sólo las personas poco humildes intentan demostrar al mundo lo contrario. Todos requerimos un sostén en muchos momentos. Y sí, hablo de TODOS, y ese TODO incluye a los niños, niñas, adolescentes y adultos con autismo, quienes, de idéntico modo al resto de los mortales, tienen carencias, sí, pero una inmensidad de virtudes extraordinarias.

Las etiquetas son apropiadas para estudiar estados de nuestra psique en los que antes ni se reparaba. Hace, desgraciadamente, muy poco tiempo que se ha empezado a prestar atención a la gestión emocional y a la correcta atención de las inteligencias múltiples y capacidades y/o necesidades educativas diferentes (NEE). Y sí, digo “empezado a prestar atención”, porque considero que aún queda mucho camino por explorar.

Pues bien, como decía, esos nombres y calificativos para las capacidades y diferencias en cuestiones de salud mental de los seres humanos son mandatorios para el estudio de las mejores fórmulas de atendernos y cuidarnos. Fórmulas que son variopintas, en función de cada persona. Y es que, como vengo opinando, cada ser es todo un mundo de posibilidades y matices. Algo afirmado por una niña a la que adoro, que cuenta con tan solo tres años y que, ya en alguna ocasión cotidiana, nos ha dicho a los adultos, “tranquilos, tranquilos, cada uno es cada uno”, dándonos una gran lección de vida al escuchar palabras que son un baño de realidad, con su pronunciación infantil y su fina y dulce voz.

Ojalá sigamos empleando las etiquetas para estos fines tan indispensables, como bien se hace en este sitio web en el que tengo el privilegio de colaborar; pero pido al universo que se dejen de usar los términos rimbombantes para encasillar a nadie. Para señalar y simplemente hacer ver que alguien “se sale de la norma”, es diferente de la globalidad de un grupo y que pertenece a una minoría. Ruego a quien le concierna que apuntemos esto solo “cuando toca” para poder trabajar y aportar un granito de arena a que, quien tenemos al lado, sea un poquito más feliz.

Me encantaría tener un papel concreto desde el que pudiera pedir que aprendamos a salir TODOS de nuestra zona segura, pues es posible que así podamos entender mejor a quienes pertenecen a determinadas minorías. Y, de paso, tomando un poco de distancia y perspectiva de aquello que nos resulta confortable, seguramente nos sentiremos más completos y realizados.

Recordemos que todos tenemos múltiples capacidades y que sólo hay que entrenar nuestra mirada, mental y espiritual, para saber verlas.

Entonces, volviendo al truco o trato inicial, ¿cuál es el truco de la felicidad? Es algo que me encanta plantearme y que últimamente he aprendido a responderme un poco mejor. Aprendamos a apreciar lo singular y los diverso como un tesoro y compartámoslo. Y es que hoy día, sí, lo afirmo, podemos hacernos ricos los unos a los otros sin invertir ni un céntimo de euro.

Por María Vélez Romero

 

Related Articles

Responses

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons License
Except where otherwise noted, Rem Autism Platform on this site is licensed under a Creative Commons CC0 Universal Public Domain Dedication License.